Tailandia sin hechizos/ Thailand without spells

Tailandia, como no mundialmente conocida por su comida exótica, su gente alegre y siempre sonriente, y sus envidiables playas paradisiacas de ensueño. Atributos, todos ellos, con los que cualquier destino (turístico o no) desearía asociarse y por los que este país tanto se ha esforzado en obtener. Evidentemente uno siempre se trae sus expectativas al visitar Tailandia, lo cual puede terminar resultando en una cagada considerable, ya que muchas veces (esta siendo una de ellas) las expectativas superan con creces a la realidad con la que te encuentras.

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Para un país tan dependiente de la industria turística como es Tailandia (7% del PIB en 2014) resulta un tanto desconcertante y tremendamente desilusionaste ver la manera como la industria ha decidido vender el país, y de como Tailandia ha sufrido el peso de una losa impuesta por un modelo turístico tremendamente agresivo para su gente, diseñado para moldearse a las estereotípicas vacaciones “occidentales“ con la máxima de satisfacer las pretensiones artificiales de un grupo de westerners que nada saben (ni buscan saber) sobre la cultura, historia y gente de este hermoso país.

Resulta inevitable entristecerse al ver como el turismo en Tailandia ha derivado hacia un modelo económico que premia la imposición forzada de unos patrones de “bienestar turístico“ totalmente artificiales y cada vez más alejados de la realidad que se vive en el país. La necesidad de moldear el patrimonio natural y cultural del país para de esta manera incrementar el rendimiento económico de la industria (turística) ha resultado, tristemente, en la “prostitución” de un país con un legado cultural e histórico tan rico como desconocido. La necesidad imperiosa de vender el país bajo estos patrones turísticos impuestos a marchas forzadas no le han hecho ningún favor a Tailandia.

A medida que íbamos pedaleando cuesta arriba desde la zona fronteriza de Sadao, al sur del país, fuimos viendo como esta realidad cada vez se hacía más patente. Es por este motivo que tomamos desde un principio la decisión de evitar los grandes destinos turísticos (Phuket, Krabi, Koh Chang…) y derivar hacia una ruta un poco más  alternativa, que nos llevara a conocer una Tailandia más transparente, más sincera, más auténtica. Nuestro paso por Nakhon Si Thammarat, Surat Thani, Pracuap Khiri Khan, Hat Chao Samran, Ban Pak Nam Krasae… nos brindaron dicha oportunidad, pudiendo de esta manera conocer una Tailandia cercana, menos hermosa, y más digna.

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El desencanto progresivo que hemos ido experimentando a lo largo de nuestra ruta por Tailandia no ha hecho otra cosa que despertar un sentimiento de simpatía hacia su gente, la cual sufre en la mayoría de los casos una realidad alejada de los grandes resorts y destinos turísticos sumergidos bajo un mar de falsa comodidad, ajena a las terrazas a primera línea de mar y a los resorts de cartón. Un pueblo que poco se beneficia de la falsa realidad impuesta por un gobierno que prioriza la comodidad del turista a las necesidades de su gente, la cual no pierde ni su sonrisa sincera, ni su amabilidad contagiosa, ni su felicidad ejemplar.

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What comes to your mind when you think about Thailand? White sandy beaches, perhaps world famous spicy exotic food, or maybe smiley faces everywhere you go? Of course Thailand can presume of hosting these attributes, all of which have been acquired through years of hard work and international promotional campaigns looking to attract an ever increasing number of foreign tourists to its shores. What country wouldn’t like to be associated with such a positive, well considered idea as a tourist destination? Obviously you always bring with yourself a fair amount of expectations when visiting Thailand, which may sometimes end up resulting on a disappointing mistake, since in many occasions the expectations far outweigh the reality you find yourself immersed into when you get there. Unfortunately, this has been one of them.

For a country as dependent on tourism as Thailand (7% of its GDP in 2014), it is somewhat disconcerting and extremely disappointing to see the way how the industry has decided to sell the country, and how Thai people have suffered the weight of a slab imposed by a tremendously aggressive tourism model, specifically designed as the stereotypical “western” holiday with the idea of satisfying the pretentions of a group of foreigners who know absolutely nothing (nor seek to know) about the culture, history and people of this beautiful country.

It is inevitable to become saddened when you realize how tourism in Thailand has evolved into an economic model that rewards the forced imposition of specific tourism patterns which are completely artificial, leading towards an ever increasing parallel reality completely disconnected from its people, its culture and its history. The need to mould the country’s natural and cultural heritage to enhance the economic performance of the tourism industry has resulted, sadly, on the “prostitution” of a country with a cultural and historical legacy as rich as unknown. The ever increasing imperative to sell the country under these tourism patterns have not done Thailand any good.

As our pedaling adventure brought us upwards from the Sadao border in the South, we saw how our perceptions were sadly becoming a confirmed reality. It is for this reason that we took the decision to avoid the big tourist destinations (Phuket, Krabi, Koh Chang…) and direct our nomad wheels towards a slightly more alternative route,  one that would make us discover a more transparent, honest and authentic Thailand. Our route along the cities of Nakhon Si Thammarat, Surat Thani, Prachuap Khiri Khan, Hat Chao Samran, Ban Pak Nam Krasae… gave us this opportunity, allowing us to see a country maybe not as beautiful as that seen in postcards, but with a much more vibrant, real and dignified culture and people.

The progressive disenchantment that we’ve been experiencing along our route through Thailand awakened within ourselves an intense feeling of sympathy for its people, the majority of whom suffer a reality completely disconnected from the big resorts and tourist destinations submerged under a sea of false comfort. People who can barely benefit from the false reality imposed by a government that prioritizes tourists’ comforts and wellbeing to the needs of its people; people who do not lose their sincere smile, their contagious kindness, nor their exemplary happiness.

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