Al mal tiempo buena cara / When the going gets rough, the rough get going

Era inevitable. Nosotros esperábamos pasar desapercibidos entre la omnipresente tierra roja y los abundantes campos de arroz, pero nada más allá de la cruel realidad. Nuestras esperanzas se ahogaron bajo un cielo gris, saturado de agua y mala hostia. La tormenta, tan corta como violenta, no se hizo esperar, encargándose de dejarnos recién duchaditos y un pelín mosqueados. Amigos, los monzones ya están aquí, y aquí se quedan.

Pedalear en estas condi-ciones no es algo que despierte demasiado entusiasmo, sincera-mente. Levantarse día tras día con la certeza de que se te van a mojar hasta los pelos de la nariz no invita a despe-garse de las sabanas, mucho menos a andar en bici. Pues bueno, co-mo no a estos dos igno-rantes felices no se les ocurre otra cosa que calzarse sus maillots medio descosidos y po-nerse a pedalear con la frágil esperanza de pensar que ya está, que se acabó, los monzones ya pasaron y no van a volver. Desafortunadamente tras pasar unas 5 horitas empapados entre una mezcla de lodo rojo y lluvia gruesa uno empieza a pensar de que, probablemente, esto no haya hecho más que empezar. Ahora entiendo cómo se sienten los Británicos.

A medida que pedaleába-mos por la fronteriza pro-vincia de Trat, el cielo ya nos iba dando algún que otro saludo tímido, avi-sándonos de que Cambo-ya no iba a ser ni tan seco ni tan llano como Tailan-dia. Y como no una vez cruzado el paso fronterizo de Hat Lek- Krong Koh Kong los saludos tímidos y espontáneos pasaron a convertirse, kilometro tras kilómetro, en amena-zas cargadas de lluvia afi-lada. Nuestro paso por las provincias de Koh Kong, Sihanoukville y Kampot fue un monologo de lluvia, lluvia y más lluvia, aunque en este caso el humor no había por donde pillarlo.

Es bonito pensar de que, en alguna que otra ocasión, la ignorancia precede al éxito. En este caso podríamos decir que la ignorancia ha precedido a una tormenta de las de Noé, convirtiendo las bicis en barro andante y saboteando nuestras energías quebradas; obsequiándonos con una realidad difícil de digerir. Esta se podría comparar muy fiel-mente a la situación en la que te encuentras cuando estas a puntito de meterte en un lavado de coches del cual sales más sucio, mojado y encabreado que cuando entraste, con la diferencia de que en este caso no te van a devolver el dinero. Y como no ante una situación tan miserable como esta no te queda otra que resignarte, continuar pedaleando, y esperar a que mañana los monzones se hayan marchado para nunca volver. Esperemos que en esta ocasión la ignorancia sí preceda al éxito.

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It was inevitable. We were hoping to pass unnoticed among the ubiquitous red soil and bountiful rice fields. It was a matter of time, and we knew it. Our hopes were drowned under a grey sky, saturated with water and anger. The storm, as swift as violent, left us freshly drenched and with a renewed bitterness that, for some reason, renounced to exile our fragile psyches. Dear friends, the monsoons are already here, and they are going nowhere.

In all honesty, cycling in these conditions is not something that sparks our enthusiasm. Getting up every day with the certainty that your nose hairs are gonna get soaked to the skin is not an idea that sparks your enthusiasm for riding a bike. But of course, after avoiding any kind of serious evaluation, these two happy ignorants took the questionable decision to throw on their lycra and hit the road with the hopes of thinking that this is it, it is over, the monsoons are gone for good and they will not return. Unfortunately, after spending about 5 hours soaked in a mix of red mud and heavy rain, one begins to think that, probably, this has only just begun. Now I understand how those Brits feel.

As we pedalled through the border province of Trat, the sky already was delighting us with a few early showers, letting us know that Cambodia would not be as dry or as plain as Thailand had been. Right after crossing the Hat Lek – Krong Koh Kong border those shy and spontaneous greetings went on to become, kilometre after kilometre, sharp rain-laden threats. Our pass through the provinces of Koh Kong, Sihanoukville and Kampot became a monologue of rain, rain and more rain, though in this case its humour was nowhere to be seen.

It’s nice to think that, every once in a while, ignorance precedes success. In this case, we could say that ignorance has preceded a monumental storm, transforming our bikes into walking mud, sabotaging our energies, and slapping us in the face with a monotonous and pungent rain. Such a reality could be compared, quite faithfully, to the situation in which you find yourself when you’re about to step into a car wash which leaves you dirtier, wetter and more pissed off than when you got in, with the main difference that in this case they won’t give your money back. And of course the only thing you’ve got left in face of such a miserable situation is to resign yourself, continue pedalling, and wait for that day when the monsoons will be gone to never return. Hopefully, on that occasion, ignorance will precede success.

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